martes, 11 de octubre de 2016

Somos irrepresentables

El arte por el arte es una proposición complicada de sostener en tiempos de la posmodernidad. Aceptar esta condición implicaría que el arte es completamente autónomo; esto quiere decir que el arte funcionaria como una construcción que se limita preguntar y responder solamente sus interrogantes. Pero entonces qué pasa con las grandes lecciones que ha dado el arte a otras áreas del conocimiento humano? En la posmodernidad simplemente el arte por el arte no puede existir porque las estructuras cerradas no son posibles, colapsan por no poder establecer anclas haciendo que cada vez  su público merme. Es cuando comienza a ponerse frágil, es cuando empieza a desquebrajar, esto se debe a la reducción de sujetos que afirmen la propia existencia el otro.
La identidad es esta propiedad que se extiende desde el sujeto hasta las relaciones, los eventos, creencias y practicas; la identidad es el set de relaciones de la entidad consigo misma. Estos estímulos casi siempre vendrán desde afuera, desde lo que el mundo oferta, de esta forma la construcción de interrelaciones sujeto+mundo= identidades, siempre estará mediada por el otro que le dice que el cielo es azul, o el otro que le gusta el jazz.
La identidad en estos tiempos es una estructura sensible y flexible, va cambiando en el tiempo a través del espacio y la experiencia. Es complicado pensar en cual será el devenir de las sociedades, al estar construidas por una infinidades de identidades, se vuelven imposibles e irrepresentables. Pensar en las identificaciones políticas  de un estado nación de alguna forma se contrapone a las políticas de globalización que a través del aplanamiento de las identidades solo da cuenta de la incongruencia que esta acción representa. 

Al representar siempre vamos a llegar tarde, porque aquella identidad dejo de ser la misma tan solo por el hecho observarla.

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