El arte por
el arte es una proposición complicada de sostener en tiempos de la
posmodernidad. Aceptar esta condición implicaría que el arte es completamente
autónomo; esto quiere decir que el arte funcionaria como una construcción que
se limita preguntar y responder solamente sus interrogantes. Pero entonces qué
pasa con las grandes lecciones que ha dado el arte a otras áreas del
conocimiento humano? En la posmodernidad simplemente el arte por el arte no
puede existir porque las estructuras cerradas no son posibles, colapsan por no
poder establecer anclas haciendo que cada vez
su público merme. Es cuando comienza a ponerse frágil, es cuando empieza
a desquebrajar, esto se debe a la reducción de sujetos que afirmen la propia
existencia el otro.
La
identidad es esta propiedad que se extiende desde el sujeto hasta las
relaciones, los eventos, creencias y practicas; la identidad es el set de
relaciones de la entidad consigo misma. Estos estímulos casi siempre vendrán
desde afuera, desde lo que el mundo oferta, de esta forma la construcción de
interrelaciones sujeto+mundo= identidades, siempre estará mediada por el otro
que le dice que el cielo es azul, o el otro que le gusta el jazz.
La
identidad en estos tiempos es una estructura sensible y flexible, va cambiando
en el tiempo a través del espacio y la experiencia. Es
complicado pensar en cual será el devenir de las sociedades, al estar
construidas por una infinidades de identidades, se vuelven imposibles e
irrepresentables. Pensar en las identificaciones políticas de un estado nación de alguna forma se
contrapone a las políticas de globalización que a través del aplanamiento de
las identidades solo da cuenta de la incongruencia que esta acción
representa.
Al representar siempre vamos a llegar tarde, porque aquella identidad dejo de ser la misma tan solo por el hecho observarla.
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