Dentro de la ruina de la representación, lo que solía estar "fuera" del capitalismo, la marginalidad, queerness, o raza, ha sido
simbólicamente incorporado y privado de su capacidad para interrumpir y disputar.
Las figuras de la alteridad han desaparecido y se han subsumido en las opciones
de "estilo de vida". El horizonte de la subclase se ha vuelto
borroso, desconectado de los flujos del capitalismo global. Lejos de ser una
figura política, la clase baja a veces está sujeta a la intervención específica
del sitio, la pacificación, mejoramiento, desarrollo y proyectos de desarrollo
comunitario. La autodeterminación colectiva fue recuperada en las calles, y sin
embargo, la meta de la gente no iba a organizarse y tomar el poder porque en
primer lugar, el poder crea la ficción de que la reunión y la protesta es
suficiente para cambiar las cosas, y en segundo lugar, porque la política ya no
funciona como representación. Si las formas tradicionales de poder eran
representativas y se alojaban en las instituciones y personas, el poder ahora
está escondida en infraestructuras por ejemplo un supermercado, software, fibra
óptica, un centro de datos, las empresas de energía y agua, materializándose en
disposiciones espaciales. Las formas post-representativas del Poder se
manifiestan ellas mismas como la organización, el diseño y la configuración del
mundo; estas formas de poder son de arquitecturales e impersonales, a
diferencia de las representativas y personal. Por otra parte, la política
también es posideológica lo que significa que la disposición crítica, gesto
simbólico, posición política, y la vida cotidiana están completamente
disociados.
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