martes, 25 de octubre de 2016

Llenando los huequitos de una imagen rota.


La forma está rota al igual que la subjetividad del individuo; ó por decirlo de otra manera, la forma (que antes era el soporte material) está construida (ó completada) por un colectivo en busca de participación como reivindicación de su individualidad. Por lo mismo actualmente este tipo de practicas ha ganado una mayor estimación pública.
La subjetividad según Lacan esta descentrada e incompleta, los vínculos interpersonales se construyen en base a la exclusión, en reconocer lo que no soy para saber quien soy y de esta base tan frágil se edifica la identidad del individuo. El arte relacional funciona a forma de un entretejido de subjetividades, que busca crear situaciones de encuentro con el otro, como finalidad de la obra.


Desde los 60´s las resonancias de un arte relacional se sienten a través de movimientos como fluxus y los happenings, esto se debe a la democratización del arte. El actor reconoce la existencia de una relación estrecha entre imagen y observador, es decir reconoce la subjetividad del observador como parte de la pieza. Esto desemboca en el cambio del rol del artista, que deja atrás los parámetros estrictamente materiales, finitos y visibles para construir un vinculo entre conversaciones que va más allá del performance ya que al ser una formación de intersubjetividades su promesa radica en el encuentro social. De esta forma el arte deja de producir contenidos para producir contextos.

En Japón cuando un objeto se rompe, se lo repara uniendo sus piezas con oro ya que piensan que su historia lo vuelve mas hermoso.


Son nuestras fracturas las que nos caracterizan más que nuestros aciertos, y es bello.


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