Los
emperadores japoneses han sido representados por milenios, con el objetivo de
tener un archivo que forme la historia japonesa, todas estas imágenes
representan una sola mirada, que se repite una y otra vez, existe una
diferencia mínima entre uno y otro.
El referente de las imágenes se pierde, y
todas estas imágenes forman la idea un todo-emperador, no se sabe quién fue el
primero, pero el significante se mantiene, de seguro hace 2000 años significaba
algo diferente a la actualidad, el significado cambia.





Es
imposible pensar en el concepto del original en la época contemporánea, vivimos
en una realidad llena de imágenes, referentes, sin la posibilidad de encontrar
su inicio, pero mi pregunta es para qué queremos encontrar ese inicio. Pensar
en un inicio es caer en las ideas absolutistas de la modernidad, en un genio
creador que es omnisciente, él es el poseedor de la idea, nadie más.
Cuando el
contexto es fundamental para la creación, el sinnúmero de imágenes nos
construyen, y nosotros al mismo tiempo las construimos.
Está bien si la
historia ya no existe en nuestra época, porque no es nuestra historia, es la
historia dispuesta por un otro, tenemos la capacidad de simular quién queremos
ser, siempre y cuando entendamos que vivimos en un sistema creado, sabiendo que
podemos entrar y salir de él a nuestro gusto.
De lo contrario seremos parte de
la masa que simula y disimula, los conocimientos nos otorgan poder en una
sociedad que acepta lo filtrado varias veces como verdadero.



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