Entonces si ya nada era como solía ser... lo que somos actualmente es pura violencia explícita o implícita; o como Lyotard se refiere a una sociedad con comportamiento agonístico que se apropia, escabulle y le deja todo al otro, una sociedad que lucha para sobrevivir legitimado y siempre compitiendo.
Son extensos los ejemplos de apropiación en el campo de la política, pero uno de los que más ha llamado mi atención durante ya muchos meses es el del Inti Chunucari o mejor conocido como el Dios Sol de la región andina. Este ícono fue tomado por el Banco Central del Ecuador en 1960 y desde entonces reafirma su poder a través de un símbolo que antaño enunciaba para otros. Todo en torno a esta acción por parte del BCE me causa gracia, pues es visible la osada inteligencia y descaro para tomar un referente de espiritualidad ancestral para trasladarlo al ámbito económico de un país que buscaría también ser protegido por un Dios que resguarde sus riquezas. Detrás de esto hay muchas intenciones, y quien sabe talvez surtieron efecto, habría que encuestar a los compatriotas a ver cuántos confian en la entidad y a la vez, investigar que tan profundo impacto tiene este símbolo en nuestra época.
Algo me queda claro, el valor que se le otorga a los bienes patrimoniales es en función de su acumulación y en cuanto posee un país. Su valor no es más lo que para otras culturas significó. Para el poder, su peso está en la carga que este pudo ir acumulando y lo que para su gobierno beneficie en ese contexto. Como en el ejemplo de la momia de Ramsés, el Inti se ameja al haber sido extraído para siempre de esas tierras a las que alguna vez sirvió.
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