La texto de Fusco insta cuestionamientos referentes al
alcance de la representación simbólica, eje fundamental que constituye importantes discusiones políticas
sobre la identidad. ¿Qué imagen u objeto (s) nos representan? ¿Cómo nos
representan y por qué? Específicamente, ¿quién construye y significa nuestra
representación? Estas son las discusiones a partir de las cuales quisiera
iniciar mi reflexión.
Como sabemos la
industria cultural se encuentra liderada por la ideología hegemónica correspondiente
a la matriz heterosexual. Su discurso se ve impregnado en todos los campos del
entramado social; desde las leyes hasta la medicina, todos sus sistemas
funcionan como tecnologías del poder que ordenan y disciplinan a los cuerpos. Ahora,
como preocupación personal que invito a debatir, ¿cuál es la imagen permitida
en circulación pública de los cuerpos que no se ajustan a los parámetros de lo
heteronormal? Como investigación particular que estoy llevando a cabo en la actualidad,
resulta sumamente desalentador encontrar la supremacía impuesta y casi
exclusividad absoluta del manejo de su imagen dada por el lente científico-médico.
¿Qué ocurre cuando se quiere discutir la reconstrucción de las identidades diversas
correspondientes al cuerpo a través de un área que no sea la ya mencionada? Nuevamente,
¿quién y cómo manejan las imágenes del cuerpo desnudo y sus genitales? ¿En qué
espacios nos es permitido/prohibido hablar del cuerpo y cómo?
Adicionalmente,
regresando a la lectura de Fusco, me parece pertinente mencionar a la Bienal de
Whitney de 1993. Causando mucha controversia, el enfoque de esta exhibición se
vio construido por la articulación de debates sociales, políticos y culturales
pertenecientes a las preocupaciones latentes de la época; particularmente, la
muestra abordaba problemáticas referentes al género, la sexualidad, el racismo,
la representación del sujeto y las inequidades económicas existentes en el
país. El tema mayor de la exhibición consistió en la construcción y de-construcción
de la identidad.
Cabe
recalcar que esta bienal se distinguió, además, por ser la primera muestra en
su historia en la que artistas hombres blancos significaban una minoría;
abriendo paso, por tanto, a la participación de un largo e inusual número de
sujetos cuyo trabajo era ejecutado, abiertamente, por mujeres, homosexuales o
personas de color. Definitivamente, esta fue una muestra inclusiva que,
enfáticamente, permitió reflejar mayor diversidad en su país; introduciendo y
catapultando, exitosamente, una nueva generación de artistas cuyo trabajo no
había sido presentado, previamente, en grandes museos.
Así, se trataron
las relaciones en constante mutación que pluralizaron la definición de lo que
se comprendía como “identidad americana”.
Justamente, controversial en todos sus sentidos, esta exhibición rebatió de
manera frontal las metanarrativas culturales que lideraban la esfera del arte,
su institución y la lógica que guiaba a
su sociedad en general. Es una bienal muy interesante, investiguen sobre la muestra.
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