Idealmente el arte cambiaría al mundo, el artista tendría
ese poder. Podríamos acabar con los
feminicidios, los atropellos a los derechos humanos, las guerras y lo que
queramos. Sin embargo a los ojos del
mundo el arte solo es arte, nos posicionan como entes pasivos, que solo hacen
cosas bonitas, el arte es visto como un medio de entretenimiento. De cierta
forma se mantiene la idea de la modernidad en la que los artistas creaban un
mundo alterno (paralelo) al mundo real, el artista visto como un ser ausente de
su realidad.
Si bien no podemos cambiar el mundo con una obra, porque
somos solo humanos, podemos generar sensaciones con respecto a un tema,
visibilizar lo que se ha pasado de largo, nombrar lo que no se ha nombrado. Y
quizás alguien fuera de la esfera del arte se sienta motivado a hacer. No podemos generar cambios en la humanidad,
pero podemos generar llamados en individuos particulares.
Por ejemplo al ver la obra Untitled (Portrait of Ross on
L.A) de Felix González Torres para mí es imposible no sentir, no sentirme
conmovida, indignada, cansada del trato del sistema con los individuos “débiles”,
que no permiten que la máquina funcione como debe. Esta obra no existiría sin
la relación con el público, si cada persona no se llevaría un caramelo, no
existiría obra. Y estoy casi segura que por lo menos una persona de las miles
que han tomado una parte de Ross, ha sentido la necesidad de hacer algo, de
actuar. La obra de González Torres nos ayuda a ver, lo que podría significar
para algunos reconocer, lo que conlleva a unos pocos a hacer.










