lunes, 12 de septiembre de 2016

Posmodernidad



En mi opinión, este nuevo alcance que plantea el cuestionamiento y reconsideración de las verdades absolutas y su ¨casi imperceptible¨ naturalización de “lo bueno, lo bello, lo correcto, lo único válido y por tanto aceptable”, dilata fronteras y problematiza el absolutismo de las meta-narrativas, las mismas que establecían una perspectiva del mundo inmutable; vital ruptura que me resulta fascinante. El arte jamás nos ha brindado manifestaciones “inocentes o neutrales”, es, y ha sido, profundamente ideológico, constituido tradicionalmente de cimentos heteropatriarcales; sin embargo, desde la modernidad advertimos gestos de resistencia que se explayan, con gran alcance, en la posmodernidad. Esta nueva propuesta liberadora nos provee herramientas para comprender esta disciplina, y, a través de la misma, dar voz a las múltiples  formas  de existencias y resistencia; así como a las problemáticas que las potencian. Es de esta manera que, la dispersión del poder se dispara con las alternativas emergentes al cuestionamiento de legislaciones definitivas que, por su acción, controvierten y tambalean a los tajantes establecimiento de conceptos lineales, binarios y, por lo tanto, disyuntivos. Justamente, se pierde objeto alguno de conmensurabilidad y se reformulan posicionamientos antes inconcebibles; además, las acciones pragmáticas construidas por los juegos del lenguaje se modifican debido a la interconexión establecida por el inicio de la globalización, impactando fuertemente al campo del arte, y proyectando la balanza hacia un nuevo campo de  fuerzas donde yacen diversos agentes, diversas micro narrativas: la pluralidad de la posmodernidad.

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