La documentación en el campo del arte desvela pequeños mecanismos que se vienen dando con el cambio de una estética, con la resignificación de la práctica artística. Estos mecanismos para reconocer que es y que no es arte, se aplican también en el reconocimiento de los cuerpos y la vida misma. La técnica se abre paso en forma de contenedor, apilando imagen sobre imagen para construir una verdad proclamada, para narrar lo que merece o no ser contado. Se contienen por lo tanto, una serie de perspectivas que se toman en primer o último plano, se cuentan con un lenguaje visual que sigue experimentando la mejor forma de comunicar una experiencia que difícilmente puede ser contada. Dentro del margen biopolitico esta documentación yace como otro mecanismo que altera el orden de los sucesos, aquí se debate el poder del arte y como su materialización se ha disuelto en forma de acciones que si bien no cambian realidades en tiempo lineal, al menos tocan estas realidades y las entrelazan con tantas otras jugando con los límites de aquello que es real o artificial, bajo una duración que se expande hacia los confines de la esperanza de vida. La documentación artística engendra un timelapse permitiendonos observar cosas que van más allá de nuestras capacidades, visiones que se alimentarán de la misma naturaleza de lo invisible.
Joan Fontcuberta trabaja fotografiando y manipulando aquello en lo que quiere creer, es un crítico que mide la desconfianza a través de un dispositivo, construyendo e inscribiendo en la historia con la artificialidad como patrón de cambio . Aquí un extracto de su línea de pensamiento:
“(…) Toda fotografía es una ficción que se presenta como verdadera. Contra lo que nos han inculcado, contra lo que solemos pensar, la fotografía miente siempre, miente por instinto, miente porque su naturaleza no le permite hacer otra cosa. Pero lo importante no es esa mentira inevitable, lo importante es cómo la usa el fotógrafo, a qué intenciones sirve. Lo importante, en suma, es el control ejercido por el fotógrafo para imponer una dirección ética a su mentira. El buen fotógrafo es el que miente bien la verdad (...)” (Fontcuberta, 1997)
http://www.elperiodico.com/es/noticias/dominical/joan-fontcuberta-nunca-creido-fotografia-2355976
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