El performance
cambia todo el tiempo, y responde a su contexto, a diferencia de ciertos
soportes más tradicionales que a momentos pueden sentirse detenidos, como la
pintura (esto no quiere decir que la pintura no cambie, existe por ejemplo la pintura en campo
expandido, sin embargo cuando se piensa en pintura es casi automática la
relación con el lienzo). El contexto en el que vivimos hoy en día es digital,
toda nuestra información se encuentra en las diferentes redes, qué nos gusta, a
dónde vamos, nuestras conexiones, qué compramos, etc., somos seres globales, y
nos encontramos en una red de circuitos tecnológicos, la tecnología nos permite
estar en cualquier lugar del mundo, viajar en el tiempo, sin movernos de
nuestra zona de confort. El performance al responder al contexto, incursiona en
los medios tecnológicos y digitales, para generar una narrativa sobre la vida
en la época contemporánea, en la que el tiempo y el espacio son confusos, en un
teatro se podría recrear a un Marcel Duchamp encarnando a su personaje Rrose
Sélavy, con solo una computadora, proyectores y luces, y sería real, no sería
el Duchamp del s. XX, el de carne y hueso, pero el momento sería real, en ese
espacio se encuentra un Duchamp. Vivimos en una meta realidad, en la que
podemos re-crear todo, el performance puede utilizar todos los medios
disponibles para crear realidades alternas, hace 100 años o menos eso habría
sido llamado magia, hoy es simplemente vida. Creo que el problema en usar todos
estos medios “fantásticos” reside en que la espectacularidad supera, algunas
veces, al texto, como cuando el mapping recae en lo decorativo y se separa del
arte.
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