La subjetivación del ser como arma de la biopolítica funciona
diluyendo las barreras entre el exterior y el interior, el sujeto se mueve
entre las identificaciones, identidades; y la vida, su vida, ingresa en la
filosofía, en la política y viceversa. Entonces comienza ser fácil
existir, nos reconocemos a partir de la
vulnerabilidad, es la precariedad de la
condición humana la que pone a las pólizas de vida por en cima de la vida
misma.
El miedo funciona como articulación de la política, pero es
un miedo sin espacio especifico, es el miedo a lo sin nombre, es el miedo a la
muerte.
El miedo solo puede existir como antecedente del
acontecimiento porque luego del hecho comienza a ser nombrable. El miedo existe
como recordatorio de la fragilidad de la condición humana, y que el otro la
puede vulnerar.
La experiencia de vida ha sido sitiada por el miedo, porque
esta solo es posible cuando es política,
cuando es punible, eso quiere decir que la vida es vida solo cuando la
política la reconoce como tal, sino, la excluye.
Es complejo pensar en los espacios de resistencia ya que
deberían escapar de la lógica (al menos de la lógica convencional). Se me
ocurre que podríamos resistir tratando de que el miedo no nos aplaque, sabiendo
que no hay nada de terrorífico en la muerte porque es la única condición que
nos hace verdaderamente iguales.
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