La biopolítica plantea el análisis fundamental del
funcionamiento referente a lógica y el
control soberano sobre el/los cuerpo/s. Volviendo a Foucault y su análisis
sobre el tema en donde se identifica un entramado de tecnologías/mecanismos/técnicas
del poder sobre el “derecho” de la vida y la muerte, el mismo que transforma la
teoría clásica de gobernación (“hacer morir y dejar vivir”) a la moderna
(“hacer vivir y dejar morir”), arrastra los interrogantes de cómo y por qué
ciertas vidas/cuerpos son dignas/os (o no) de ser vividas, amadas, recordadas,
lloradas….o marginadas, extirpadas o completamente ignoradas. Definitivamente,
las lecturas de este módulo pueden ser explicadas a través de la
categorización, patologización y “perversión” de la sexualidad. Un punto
particularmente denso para las relaciones de poder lo significa,
indudablemente, esta; grandes conjuntos estratégicos y dispositivos específicos
de regulación se despliegan sobre la misma. Pensemos, entonces, en los
dispositivos de alianza y sexualidad como edificaciones entorno a un sistema de
reglas que definen lo permitido y lo prohibido: lo (i)lícito, por supuesto, de
la interacción humana…así como también, lo pertinente en cuanto reacción y
sensación de aquellos cuerpos. Por tanto, ese eje constituye la intersección
vital como objeto de saber y poder al situarse, precisamente, en la encrucijada
del cuerpo “individual” y “poblacional” al cual la biopolítica justamente refiere…Una
vez más, la matriz heterosexual incluye-excluye, a través de la disciplina y el
castigo como conformantes tanto externos como internos de la subjetivación de
las personas, lo vivible y lo invivible.
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