No obstante, es crucial diferenciar el cambio radical que la industria cultural viene sintiendo desde hace ya unas décadas. El arte digital se presta como el vértice perfecto desde donde parten las más deliberadas propuestas, fieles compinches de los nuevos medios y las técnicas multimedia. Con la sensibilidad explorada a su máximo nivel, los espacios pueden convencerte de otras realidades, envolverte hasta hacerte perder la noción del tiempo, generando en ti una concepción construida de una hiperrealidad. En el arte digital, los procesos son dinámicos y están en una transición constante, la inmovilidad del objeto o el cuerpo ha quedado atrás y, ahora se abre paso a un futuro que anhela cada vez más difuminar las fronteras entre la ficción y aquello que conocemos como realidad.
Si en las calles de Asia podemos encontrar ya cyborgs vivientes, ¿de qué dependerá esta valoración de lo normal-real?. El arte cuestiona estos motivos de la nueva era, los vincula a su praxis y sobre todo, nos llama a reconocer su existencia y a comprobar con nuestras experiencias la vitalidad de una fresca esfera que poco a poco irá combinando ciencia y vida.
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