lunes, 28 de noviembre de 2016

Hiperespacios

El éxtasis que la obra creativa  induce en su público, ha sido un revelación para el arte que no esperaba conmover magistralmente a sus contempladores. ¿ Cuáles son las intenciones de un artista cuando produce algo tan mágico a través de su propia expresión? Quizás no siempre las encontramos, sin embargo en Digital performance se exponen dos grandes puntos de partida. Quienes apelan a un juicio racional por parte de sus espectadores, o quienes buscan estimular la parte sensorial de aquellos que se dejan tocar por el arte. Claro esta, esta frontera puede ser híbrida y encontarnos con obras que resalten estas dos cualidades.
No obstante, es crucial diferenciar el cambio radical que la industria cultural viene sintiendo desde hace ya unas décadas. El arte digital se presta como el vértice perfecto desde donde parten las más deliberadas propuestas, fieles compinches de los nuevos medios y las técnicas multimedia. Con la sensibilidad explorada a su máximo nivel, los espacios pueden convencerte de otras realidades, envolverte hasta hacerte perder la noción del tiempo, generando en ti una concepción construida de una hiperrealidad. En el arte digital, los procesos son dinámicos y están en una transición constante, la inmovilidad del objeto o el cuerpo ha quedado atrás y, ahora se abre paso a un futuro que anhela cada vez más difuminar las fronteras entre la ficción y aquello que conocemos como realidad.
Si en las calles de Asia podemos encontrar ya cyborgs vivientes, ¿de qué dependerá esta valoración de lo normal-real?. El arte cuestiona estos motivos de la nueva era, los vincula a su praxis y sobre todo, nos llama a reconocer su existencia y a comprobar con nuestras experiencias la vitalidad de una fresca esfera que poco a poco irá combinando ciencia y vida.



 Mariko Mori

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