miércoles, 23 de noviembre de 2016

Performance y politica

El performance, definido como comportamiento estructurado, lleva consigo siempre una consideración de representación política. Usando el performance como una lente analítica para estudiar el comportamiento cotidiano, podemos ver cómo se producen y se disputan diferentes nociones de corporeidad: desde las practicas y regulaciones que moldean a las formaciones raciales a los guiones normativos que estructuran los performance cotidianos de género y sexualidad, y desde la cuidadosamente construida presentación de políticos a la igualmente construida e igualmente contingente demostración popular. La relación entre el performance y la política informa a una amplia gama de comportamientos, sujetos y agentes, que van desde los cuerpos individuales hasta los cuerpos de protesta.

 Como Diana Taylor lo menciona, el performance es un concepto que abarca tanto los protocolos normativos, así como la resistencia a ellos. Ambas empresas de performance pueden estar presentes en un solo evento: mientras que como manifestantes que participan en una protesta a gran escala podemos estar interrumpiendo las estructuras de poder, como sujetos identificados dentro del espectro masculino/femenino, lo más probable es que jugarían las normas de género establecidas.

Pero el performance como resistencia no solo se da a través de la protesta finales de los años 60, Yoko Ono utilizó su cuerpo para crear obras de arte conceptuales y bastante controvertidas. Desde Cut, donde pidió a los miembros de la audiencia que le cortaran la ropa hasta que estuviera desnuda, a un libro de instrucciones titulado Grapefruit, Ono encontró maneras provocativas de involucrar al espectador. A través de los años, ha utilizado la atención de su arte para destacar su interés por la paz y los derechos humanos. Mientras Ono emplea su arte como una forma de activismo político, Abramovic explora la dinámica entre el artista y la audiencia, y el arte como herramienta del discurso feminista. El creciente interés en el arte de performance puede verse como un resultado directo del deseo del público por la presencia del discurso político.



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